Según la OMS, el suicidio es el segundo motivo de muerte en la adolescencia. Ante este dato, los docentes de secundaria deben estar informados sobre cómo detectar la ideación suicida y cómo tratarla con quien la sufre

Estos son algunos consejos para afrontarla:

1. Cambia su conducta, su estado de ánimo o su carácter. El adolescente está en una etapa de muchos cambios y es normal que tenga cambios de humor o que se comporte de una manera diferente a como lo ha hecho hasta ahora. Forma parte de su proceso de desarrollo. Pero si estos cambios son más llamativos, más pronunciados y persistentes quizá debamos preguntarnos a qué se deben e iniciar una conversación con él/ella o con su entorno. Sobre todo, hay que estar atento a conductas que tengan que ver con despedidas, cerrar asuntos pendientes…todo lo que pueda indicar que está demasiado centrado en el presente y no habla del futuro a medio plazo.

2. Un aislamiento incluso con los más próximos, familias y mejores amigos. En la adolescencia es normal que el estudiante busque sus momentos para aislarse, estar consigo mismo o no quiera compartir con los demás cosas que hacía hasta ahora. Pero si el aislamiento implica no relacionarse también con los más cercanos y pasa demasiado tiempo solo/a, es necesario prestar atención a la frecuencia de esos retiros, y preguntarle porqué los necesita.

3. Cómo ve su futuro. Si el alumno en sus mensajes se refiere a su futuro con desánimo, pesimista, derrotado, resignado…quizá sienta la desesperanza. No cree que su situación pueda mejorar en un futuro y entra en un estado de indefensión en el que deja de luchar para cambiar las cosas y solo se deja llevar. Si el futuro lo enfoca de esta manera, su estado es de agotamiento y de sufrimiento.

4. Otra de las conductas que pueden llamarte la atención como docente es que se muestra menos concentrado en sus tareas, más disperso, con problemas de memoria. Su rendimiento académico baja e incluso puede no ir al centro en algunas ocasiones.

5. Si el alumno/a realiza una conducta de autolesión seguramente estará comunicando un malestar emocional que no sabe cómo resolver de otra manera. Las autolesiones en algunas ocasiones son preámbulos a ideas suicidas e incluso a intentos suicidas. En este punto es interesante hacer partícipe al gabinete psicopedagógico del centro e incluso preguntarles a los padres si esa conducta se repite también en casa.

6. Comportamiento agresivo e impulsivo. Son dos comportamientos muy propios de adolescentes que más que reflexionar, actúan. Pero se intensifican cuando de fondo hay ideas suicidas.

7. Si verbaliza las ideas suicidas hazle caso. No le quitéis importancia si verbaliza ideas suicidas, son avisos, alarmas, de que algo no anda bien. No os lo toméis como algo propio de los adolescentes que pasará. Darles la oportunidad de que se expliquen y que expresen lo que quieren decir con esas verbalizaciones.

8. Valida sus emociones. Déjale que se exprese. A estas edades expresar lo que sienten puede resultar complejo porque no saben muy bien identificar las emociones y les da vergüenza compartirlas, sobre todo si son negativas. Si el alumno está dispuesto a hablar, escuchad atentos, mirándole a los ojos para que se sienta atendido y muéstrale tu comprensión hacia lo que siente. Hablar es un desahogo que le permitirá aliviar su carga emocional y le puede permitir, no solo sentirse mejor, si no organizar mejor sus ideas.

9. Intentar averiguar la causa, no hay una sola. Para indagar sobre las posibles causas se necesita tiempo, un contexto tranquilo y mucha confianza. Los mensajes que le permita saber que le entendéis y que sabéis que lo está pasando mal, le ayudará bastante a continuar contando lo que le pasa. Muéstrale tu apoyo abiertamente para que se sienta más seguro y no le trasmitas angustia, aunque el mensaje que estés escuchando sea preocupante. Detrás de las ideas suicidas hay un problema que solucionar.

10. Indícale la temporalidad de las emociones. Al hablar de emociones es importante que el adolescente sepa que los estados emocionales no son estáticos, sea el que sea que sientan, pasan. Los malos momentos también y cuando pasan todo se ve desde otra perspectiva.

11. Ayúdale a compartir los problemas que tenga. La adolescencia no es una etapa precisamente que se caracterice por compartir vivencias ni sensaciones con el entorno. Debemos insistirle en que lo que están viviendo no les pasa solo a ellos, sino que muchas personas pasan por lo mismo y que hablándolo con los demás, pueden aportarle soluciones en las que no había pensado.